Cap Xll, sobre el concepto de opinión pública

04.04.2025

El concepto de opinión pública ha evolucionado a lo largo del tiempo y puede entenderse de distintas formas. Puede ser vista como una instancia crítica que fiscaliza el ejercicio del poder político y social o como una entidad receptiva a la notoriedad pública de instituciones y personas. Estas dos facetas de la opinión pública no necesariamente coinciden ni se subordinan entre sí. En los Estados democráticos, la opinión pública funciona como una ficción institucionalizada que legitima el ejercicio del poder, aunque no siempre refleje la voluntad real de la ciudadanía. La relación entre notoriedad pública y opinión pública es compleja, pues no puede reducirse solo a la manifestación de una norma ni a la respuesta del público

En la democracia de masas, la opinión pública ha sido concebida de diferentes maneras. Algunos teóricos la vinculan con la soberanía popular, mientras que otros la asocian a la voluntad de los partidos políticos, que actúan como intermediarios entre el pueblo y el gobierno. Desde esta perspectiva, el partido mayoritario en el poder representa la voluntad general, y la opinión pública solo adquiere relevancia cuando es canalizada por las organizaciones políticas. Sin embargo, este modelo reduce el papel autónomo del público, ya que limita su capacidad de expresión independiente y lo convierte en un objeto de manipulación por parte de los actores políticos.

Desde finales del siglo XIX, la opinión pública ha sido objeto de un profundo cuestionamiento. Se ha señalado que, en lugar de representar un debate racional y fundamentado, ha degenerado en una reacción emotiva y volátil de la sociedad. El concepto ha pasado de ser una manifestación de la razón crítica a convertirse en una forma de consenso acrítico influenciado por los medios de comunicación y la propaganda. A medida que la opinión pública se ha fragmentado, su vínculo con las instituciones políticas se ha debilitado, transformándose en una masa informe de tendencias y preferencias sin una estructura clara.

En el siglo XX, la investigación sociopsicológica reformuló el concepto de opinión pública, enfocándose en la dinámica de los grupos y su influencia en la formación de actitudes. Se comenzó a definir la opinión pública como la expresión colectiva de una actitud dentro de un grupo social, independientemente de su relación con el debate político o la deliberación racional. Esta transformación hizo que el concepto perdiera su conexión con los principios de la discusión pública y lo redujo a una simple agregación de preferencias individuales dentro de distintos sectores de la sociedad.

Finalmente, la opinión pública ha sido absorbida por las estrategias de dominación política y administrativa. Los gobiernos utilizan estudios de opinión y herramientas de comunicación para ajustar sus políticas a las expectativas del público y, al mismo tiempo, moldear esas mismas expectativas. De este modo, la opinión pública no solo se vuelve un objeto de manipulación, sino que también pierde su carácter original de fiscalización del poder. En este contexto, las preferencias individuales, incluso sobre bienes de consumo, pueden ser consideradas parte de la opinión pública, consolidando su rol como un instrumento de control y ajuste dentro de la estructura del Estado.

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